Información general de TDAH adultos

Información general de TDAH adultos

Actualmente el TDAH se considera el trastorno psiquiátrico no diagnosticado más común en los adultos. Con frecuencia, los adultos con TDAH son diagnosticados cuando se lo diagnostican a sus hijos y les preguntan si ha habido algún caso en la familia. Entonces el padre o madre del chico/a en cuestión hace un repaso a su historia personal y se siente identificado con lo que ahora le está ocurriendo a su hijo. Incluso comienza a darse cuenta de que se ha acostumbrado a vivir con unos síntomas que le dificultan mucho el día a día. Hasta hace relativamente poco, se pensaba que los niños y adolescentes que padecían un TDAH iban mejorando con la edad y que al llegar a la etapa adulta, los síntomas disminuirían en intensidad hasta desaparecer. Sin embargo, en los últimos años, se ha terminado por aceptar que muchos adultos continúan presentando síntomas de TDAH, y por lo tanto, son susceptibles de intervenciones que les permitan vivir mejor y reducir esos síntomas tan molestos. Las investigaciones actuales estiman que en torno a un 65% de los niños diagnosticados con TDAH pueden continuar presentando en la edad adulta síntomas como inatención, impulsividad e hiperactividad, que son los característicos del trastorno y que están presentes desde antes de los 6 años de edad en aproximadamente un 2-4% de los adultos. Mientras en la infancia, se presenta en una relación de 3 niños por cada niña, en los adultos, la relación es de 2 hombres con TDAH por cada mujer, o incluso menor.

Hoy sabemos que el TDAH tiene un componente hereditario, que hace que sea más frecuente entre hijos de padres que lo padecieron, por eso es más fácil que en adultos esté presente entre los padres de niños diagnosticados.

Si uno sospecha que padece o puede haber padecido un TDAH, antes de acudir a un especialista debe formularse preguntas del tipo de:

  • ¿Tengo evidentes dificultades para mantener la atención?

  • ¿Estoy continuamente moviéndome?

  • ¿Siento esto esto desde que era un niño?

  • ¿Me cuesta controlar mi temperamento?

  • ¿Estoy frecuentemente de mal humor?

  • ¿Me ocurre esto en el trabajo…en casa…en la calle, en casi todos los sitios?

  • ¿Mi familia o amigos me dicen que tengo un problema de este tipo?”

Si la mayoría de estas respuestas son afirmativas, lo recomendable es acudir a un especialista, ya que el diagnóstico no es fácil. Una vez determinado que lo padece hay varias medidas que se pueden tomar para mejorar la situación.

Los actuales criterios diagnósticos para el TDAH en adultos son muy similares a los de los niños según el Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales (DSM-IV) y pueden definirse como:

  • Dificultad para prestar atención a pequeños detalles o comisión de errores por descuido en el trabajo.

  • Movimiento constante de manos o pies, o inquietud en la silla cuando se supone que debería permanecer sentado.

  • Dificultad para mantener la atención de forma sostenida en sus tareas o incluso durante sus actividades de ocio.

  • Incapacidad para estar quieto en situaciones sociales en las que se esperaría que lo estuviera.

  • Sensación de que no escucha incluso cuando se le habla directamente.

  • Sensación de inquietud e intranquilidad interna.

  • Dificultad para seguir instrucciones y terminar adecuadamente los trabajos.

  • Dificultad para disfrutar de actividades tranquilas en sus ratos de ocio.

  • Dificultad para organizar sus actividades de la vida diaria (planificación y manejo del tiempo).

  • Sensación de estar en movimiento constante “como con un motor dentro”.

  • Evitación de trabajos que requieran un esfuerzo mental sostenido y posposición crónica de tareas (“Ya lo haré más adelante”).

  • Excesiva locuacidad.

  • Facilidad para perder cosas.

  • Respuestas impulsivas, incluso anteriores a que terminen de preguntarle.

  • Excesiva facilidad para la distracción.

  • Dificultad para esperar su turno.

  • Olvidos frecuentes de obligaciones diarias.

  • Interrupciones e intromisiones constantes en las conversaciones y actividades de los demás.

No todas las personas con TDAH presentan todos los síntomas ni con el mismo nivel de gravedad. Cada persona tendrá su propio perfil sintomático que tendrá como resultado una mayor o menor merma de su calidad de vida, y estos factores deben considerarse a la hora de decidir el mejor tratamiento para cada uno. Muchos lograrán llevar una vida feliz y productiva.

Un psiquiatra general con cierta experiencia en el trastorno es el especialista ideal para llevar a cabo una exhaustiva evaluación clínica, que es el método definitivo de diagnóstico. Un psicólogo con experiencia en este campo e incluso un médico de familia, pueden orientar el problema con bastante precisión, aunque finalmente sería conveniente una evaluación final por parte de un psiquiatra para confirmar el diagnóstico. No hay exploraciones complementarias definitivas (ni resonancias ni electroencefalogramas ni análisis de sangre…), que garanticen el diagnóstico, ya que los criterios de evaluación son puramente clínicos, como acabamos de ver.

La evaluación clínica incluye una recogida exhaustiva de datos de la historia clínica, con especial hincapié en la historia del desarrollo temprano, de su curriculum escolar, de su trayectoria profesional y de sus experiencias en las relaciones sociales, y esto suele precisar de entrevistas de no menos de dos horas, en una única sesión o dividida en dos o tres sesiones. Lo ideal es que además acuda a la consulta con el interesado algún familiar que pueda aportar información adicional (alguno de los padres o algún hermano que pueda complementar la historia del desarrollo temprano y corroborar las percepciones actuales del evaluado). Es importante tomar información acerca de cómo se desenvuelve en los distintos ambientes (lo que puede orientarse en algunos de los enunciados incluidos en las clásicas escalas diagnósticas que emplean los especialistas).

Como ya hemos mencionado en otros apartados, tanto el diagnóstico como el plan de tratamiento deberían hacerse de forma individualizada, teniendo en cuenta las particulares características de cada persona, la composición de su familia, el tipo de trabajo que realiza y los medios de los que dispone.

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